Ourense, 26 mayo de 2026. ¿Qué es lo que permite que una persona reciba una atención coordinada, coherente y segura a lo largo de todo su proceso de salud, especialmente cuando intervienen distintos profesionales, servicios o niveles asistenciales? En un sistema sanitario cada vez más marcado por la cronicidad, el envejecimiento y la complejidad clínica, garantizar la continuidad asistencial es una cuestión central.
La atención sanitaria no empieza y termina en una consulta, una prueba diagnóstica, un ingreso hospitalario o una visita domiciliaria. Muchas personas, especialmente aquellas con enfermedades crónicas, dependencia o necesidades complejas, requieren seguimiento a lo largo del tiempo y contacto con distintos recursos sanitarios y sociosanitarios.
Es ahí donde entra la continuidad asistencial como uno de los elementos que convierte a la atención sanitaria en un proceso ordenado, coordinado y centrado en la persona y no en una suma de episodios aislados.
Qué es la continuidad asistencial
La continuidad asistencial puede definirse como la capacidad del sistema sanitario para garantizar que la atención que recibe una persona sea coherente, coordinada y mantenida en el tiempo, aunque participen distintos profesionales, servicios o niveles asistenciales.
La continuidad asistencial implica que la información relevante circule, que los profesionales conozcan el proceso de la persona, que exista seguimiento y que las decisiones clínicas y de cuidados no se tomen de forma desconectada.
En la práctica, supone responder a preguntas muy concretas:
- Quién realiza el seguimiento del paciente
- Qué información tiene cada profesional
- Cómo se coordina la atención entre niveles
- Cómo se evitan duplicidades, interrupciones o pérdidas de información
- Cómo se acompaña a la persona cuando su situación requiere cuidados prolongados
La continuidad asistencial es, por tanto, una forma de ordenar la atención sanitaria para que el paciente no tenga que reconstruir su historia en cada contacto con el sistema.
Por qué es importante para pacientes y profesionales
La falta de continuidad asistencial puede generar problemas conocidos: repetición de pruebas, retrasos en el seguimiento, dificultades tras un alta, descoordinación entre recursos, sobrecarga familiar o mayor uso de servicios de urgencias.
Cuando la continuidad funciona, el sistema responde mejor. La persona atendida sabe quién la sigue, los profesionales trabajan con información más completa y las transiciones entre niveles asistenciales son más seguras.
Esto resulta especialmente importante en pacientes con patologías crónicas, personas mayores, pacientes pluripatológicos, personas dependientes o quienes precisan atención domiciliaria.
El papel de la enfermería en la continuidad asistencial
La enfermería tiene un papel central en la continuidad asistencial por su presencia en todos los niveles del sistema sanitario y por su relación directa con el cuidado, el seguimiento, la educación para la salud y el acompañamiento de pacientes y familias.
En Atención Primaria, en el hospital, en la atención domiciliaria, en los centros sociosanitarios o en los dispositivos de gestión de casos, las enfermeras participan en la valoración de necesidades, la planificación de cuidados, la detección de cambios clínicos, la coordinación con otros profesionales y el apoyo a la autonomía de la persona.
El Consejo General de Enfermería ya señalaba en 2021 la necesidad de potenciar figuras como las enfermeras de continuidad asistencial o las enfermeras gestoras de casos para mejorar la atención a pacientes crónicos complejos, especialmente en un contexto en el que las enfermedades crónicas afectan a más de 19 millones de personas en España y representan una parte muy relevante de la mortalidad y del gasto sanitario.
Continuidad asistencial, atención domiciliaria y enfermedades crónicas
La continuidad asistencial adquiere una especial relevancia en la atención domiciliaria. Un estudio realizado por el Consorcio de Atención Primaria de Salud Barcelona Esquerre y el IDIBAPS-Hospital Clínic Barcelona, publicado en 2026 en Annals of Family Medicine, analizó durante un año a 1.207 pacientes que recibían atención domiciliaria en tres centros de Atención Primaria de Barcelona. El trabajo observó que las personas atendidas de forma continuada por el mismo profesional médico o de enfermería presentaban menor riesgo de ingreso hospitalario.
Los resultados muestran que el 83% de las visitas domiciliarias de enfermería fueron realizadas por la misma enfermera. Además, cuando la continuidad asistencial alcanzaba al menos el 75%, se asociaba con una reducción del 36% en los ingresos hospitalarios, un 31% menos de uso de ambulancia y un 31% menos de visitas a urgencias.
El envejecimiento de la población y el aumento de las enfermedades crónicas obligan a reforzar modelos de atención más coordinados. La continuidad asistencial permite anticiparse a complicaciones, mejorar el seguimiento, apoyar el autocuidado y evitar que el paciente transite por el sistema sin una referencia clara.

