46 días de estado de alarma en Valdeorras: «O que fai que este hospital siga adiante e que todo funcione, é o grandísimo esforzo e traballo que estamos a realizar o persoal»

Ourense, 28 abril del 2020 | El hospital público de O Barco de Valdeorras también se ha visto golpeado por el coronavirus. Desde que el estado de alarma se declaró en nuestro país, hasta la fecha de hoy, 1.764 casos positivos se declararon en la provincia de Ourense de los cuales la gran mayoría están pasando la enfermedad en sus domicilios, siendo ingresados solo los que más preocupan. En el caso del hospital de Valdeorras, actualmente hay 6 personas ingresadas y tratando de recuperarse.*

Sin embargo, el número actual no hace justicia a la situación que se ha vivido en O Barco de Valdeorras, cuyo personal se ha tenido que enfrentar a situaciones de mucha presión asistencial por casos como el de la intervenida residencia geriátrica Nuestra Señora de Fátima, donde un foco de Covid-19 llegó a infectar a 60 usuarios y a 18 trabajadores.

En este contexto y, según todo apunta, con lo peor de la pandemia ya pasado, hemos querido que tres enfermeras* de este hospital, nos cuenten cómo han gestionado estos casi 50 días de estado de alarma desde distintos servicios y realizando distintas tareas.

 

Urgencias
Carmen, enfermera eventual que trabaja para el Sergas desde el 2008, actualmente está en el servicio de Urgencias Hospitalarias en Valdeorras y resume este último mes y medio como un período de «estrés, ansiedade e moita preocupación entre o persoal. A desinformación, os cambios de rumbo constantes e as decisión pouco coherentes que se están a tomar, non dan seguridade aos traballadores».

Destaca que, después de todo lo que se ha trabajado, «a xente esta desanimada, esgotada: é moita presión de traballo, e son moitas preocupacións que continúan ao chegar ao fogar. Pero tamen enfadada polas decisións que se toman que nos poñen en perigo a nós, aos pacientes e as nosas familias».

Estas decisiones tienen que ver con la ya muy denunciada escasez de material de protección para el personal sanitario, que, a pesar de ser más abundante, sigue siendo insuficiente: «temos os equipos contados e para xerar pouco gasto de EPIs, entra o mínimo persoal a ese tipo de pacientes infectados (tamén para reducir ao mínimo o risco de contaxio)», comenta Carmen.
Por otro lado, el personal sanitario está empezando a poner en evidencia que el material que ahora les llega, no es de la calidad adecuada para enfrentarse a enfermos por coronavirus. «As mascariñas cada día ían a peor, tendo incluso usado máscaras que foron retiradas polo Ministerio de Sanidade por non ser eficaces no filtrado. As batas actuais son de moi mala calidade, non cubren espalda, deixan parte do torax ao descuberto, non chegan ata os pes, e o material é tan malo, que para remendalo debemos pór trozos de retais plásticos a maiores (mangas e un mandil). Todo esto leva moitísimo tempo poñelo, co cal o tempo de atención aumenta, e é un risco de contaxio a hora da retirada, pois cantas mais cousas teñas que quitar, mais posibilidades de contaxiarse», asegura.

Todo esto se suma al hecho de que, los protocolos de uso han ido cambiando según las circunstancias y según evolucionaba la situación, por lo que, el personal sanitario se ha visto en situaciones complicadas a la hora de llevar a cabo sus tareas. «Entra o mínimo persoal posible a atender ao paciente, sendo esto unha carga de traballo moito maior e o desenrolo de tarefas non correspondentes ca categoría».

Después de la retirada de mascarillas defectuosas que había distribuído el Ministerio de Sanidad, los tests rápidos al personal hablaron por sí solos: «nesta unidade é na que mais compañeiros temos de baixa por coronavirus positivos, así que a protección ofrecida non é suficiente», dice Carmen.

A pesar de las evidentes dificultades, de la alta movilidad del personal eventual entre los distintos servicios y de que el personal de Enfermería está haciendo «turnos a maiores para cubrir as deficiencias», la mayor recompensa a tanto esfuerzo es la recuperación de los pacientes que, según nos cuenta Carmen, «son moi comprensivos, dannos palabras de ánimo e apoio, fan un bo uso das máscaras e as luvas e son respetuosos».

La conclusión final que nos deja Carmen es que «o que fai que este hospital siga adiante e todo funcione, é o grandísimo esforzo e traballo que estamos a realizar o persoal, pese a todas as trabas e deficiencias que se nos plantean dende os mandos».

 

Planta Azul: la planta Covid de Valdeorras
Rocío lleva más de diez años trabajando en hospitalización de Medicina Interna, un servicio que actualmente acoge a los pacientes ingresados a causa del coronavirus en el hospital de O Barco de Valdeorras. Por tanto, pertenece a ese grupo de profesionales sanitarios que cada día, se ven cara a cara con el virus: «hemos estado muy saturadas, con ingresos continuos, cambios de habitación al tener resultados de PCR, etc. Además, hemos tenido mucha presión asistencial debido al brote que hubo en la residencia de la tercera edad de Fátima, con numerosos ingresos, y de pacientes mayores y dependientes, que requieren muchos cuidados de enfermería». Rocío destaca que lo que peor han llevado es «la falta de formación al personal al respecto, previa a la llegada de los casos, remitiéndonos, tanto Dirección como Preventiva, al apartado de coronavirus de la intranet y con protocolos de actuación inexistentes; lo que implicó una mayor carga en el sentido de que hubo que atender una demanda impresionante, y a la vez irse sacando un poco de la manga la forma de actuación al principio».

Ahora que lo peor de esta pandemia parece haber pasado, Rocío nos cuenta que, el personal del Enfermería «ahora mismo, con una disminución de la carga asistencial, lo que estamos es muy cansadas, aunque seguimos con mucho estrés. También tremendamente orgullosas por todo lo que hemos conseguido hasta ahora, con los pocos medios y la presión asistencial que hemos tenido».

Desde la Planta Azul de Valdeorras también se ha hecho evidente la falta de protección a la hora de tratar a pacientes con el virus: «seguimos teniendo una sola mascarilla FFP2 para todo el turno, seguimos utilizando el mismo EPI en todas las habitaciones de positivos, las batas son muy finas, cortas, no cubren espalda... hasta el punto de que, ahora hay unos EPIs específicos para realizar la higiene de los pacientes por las mañanas, terrible. Las pantallas de protección están muy deterioradas por el uso y por las desinfecciones, y no se arreglan etc.».

Rocío también destaca la labor de enseñanza de protocolos a pacientes y familiares que han tenido que hacer a lo largo de esta crisis sanitaria, medidas de precaución que muchas veces no gustaron a los pacientes: «muchos de los ingresos que hubo aquí eran gente mayor muy dependiente y que venían en muy mal estado, las familias al principio sí protestaban mucho, incluso llamaban a planta para increparnos. Ahora llaman para darnos las gracias y ánimos».

 

Planta Naranja: especialidades quirúrgicas
Esta es una planta de hospitalización ‘limpia’ en la que se encuentran servicios como el de Traumatología, Cirugía, Ginecología y de la que han trasladado otros como Pediatría, Neonatología y Obstetricia. A pesar, de ser una planta limpia, ya se han dado cuatro casos de pacientes no sospechosos, en principio, que terminaron ser positivos. Actualmente, se ingresa a pacientes de Medicina Interna no sospechosos, que una vez, por mala evolución u otras cuestiones, se realiza la prueba con resultado positivo, se traslada a la Planta Azul.

Desde allí, Cristina, enfermera del Sergas, nos relata que su servicio ha sido afortunado: «no ha habido saturación, ya que es la planta designada en el plan de contingencias para los pacientes No-Covid». A pesar de que ella no ha sentido la presión de sus compañeras, sí que reconoce que hay agotamiento entre el personal: «yo me encuentro bien, pero mi percepción es que existe cansancio tanto a nivel físico como psicológico, además de notar nerviosismo y tensión en el ambiente».

Cristina señala que no nota falta de EPIs actualmente, pero sí reconoce que «la calidad desde que se dio el primer positivo hasta el día de hoy es cada vez más baja; no sólo por el caso ya conocido de las mascarillas N95 Garry Galaxy, también de las batas que son de plástico muy fino, bautizadas por una compañera como batas ‘piel de cebolla’, teniendo que utilizar a mayores un delantal y unas mangas».
Los protocolos de uso han ido cambiando y han pasado de no usar mascarillas, a hacer uso de las quirúrgicas, a, desde el pasado 6 de abril, establecer que «la enfermera responsable en el turno de los pacientes con nebulizaciones, se le entrega una mascarilla Garry Galaxy N95, la cual se nos indica que debemos ponerla solo para realizar la técnica, y que tiene una duración de uso de 7 horas (por tanto, las hemos estado reutilizando hasta el día 17 de abril, fecha en la que se retiran por la alerta sanitaria). La mascarilla FFP2 se guarda en un sobre de papel identificado con el nombre de la enfermera para reutilizarla turno tras turno».

Después de la retirada por parte del Sergas de las mascarillas defectuosas, este servicio posee EPIs compuestos cada uno de mascarilla FFP2, bata y gafas de protección ocular, para ser utilizados si fuese necesario, aunque sin un protocolo específico.

En la planta de Cristina «ha habido personal de la plantilla que sí ha presentado síntomas» pero los test rápidos de doble banda llegaron desde que se retiraron las mascarillas Garry Galaxy defectuosas: «hasta ese momento sólo se realizaron test PCR a aquellos que presentaban sintomatología. No se han realizado tests, ni seguimiento por Preventiva al personal que ha tenido contacto estrecho con pacientes positivos sin EPIs».

La falta de personal, después de casi 50 días de pandemia se empieza a acusar: «a día de hoy la lista de contratación del distrito de Valdeorras se encuentra agotada, por lo que existe dificultad para cubrir las bajas que se están produciendo», comenta.

Al igual que sus compañeras, Cristina ve en la comunicación con el personal uno de los grandes problemas a la hora de afrontar el día a día con confianza: «uno de los mayores problemas es la falta de información, no existiendo un canal de comunicación claro y definido. Las decisiones, respecto a los cambios en los protocolos de actuación, de reorganización del personal y de las unidades, no son comunicadas de manera efectiva a los trabajadores; esto crea un clima de inseguridad y de desconfianza que repercute directamente en el desarrollo del trabajo».

 

 

*Datos actualizados a 28 de abril del 2020.
** Por petición de las entrevistadas sus nombres reales no aparecen en la entrevista. Los nombres que aquí se citan son solo para ayudar a la comprensión del texto.


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